sábado, 2 de octubre de 2010

Capítulo 22: El Ladino Escudo Divino

El alto y abovedado techo de la ciudad la resguardaba del atenazante frío hivernal de Dun Morogh. Gracias a este aislamiento, los habitantes de Forjaz no necesitaban ir arrebujados en sus capas mientras paseaban por la urbe. Dos paladines se dirigían a la Sala Mística cabalgando sobre sus poderosas monturas: un caballo y un oso acorazado.

- He tenido una idea- le decía el primero a su compañera- Podríamos solicitar la doble especialización de talentos y así poder ingresar más facilmente en las misiones del Consejo de Guerra de la Ciudad.
- Me parece bien. Pero no creo que sea fácil. Yo almenos me he entrenado hasta el momento sólo para hacer daño y destruir y no me veo capaz de proteger a un grupo o curarlos.- contestaba algo indecisa la paladín de raza draenei.
- Ya verás como sí. Yo te enseñaré. ¿A caso no conseguí llegar a este nivel en una sola noche?- sonreía el healer humano- Además, creo que si yo aprendo a hacer daño, podría ayudarte de mejor manera en las misiones.

El Instructor de la Luz les enseñó los conocimientos para aprender sus nuevos talentos. Ahora, la draenei iba a ser capaz de proteger el grupo y el humano podría emplear la represión. Entusiasmados, ambos paladines entraron en un grupo para ir a una mazmorra y aplicar los conocimientos recién aprendidos.

Dryaddin, que iba de tanque, respiró hondo mientras un montón de información cruzaba su mente. Creía que iba a liarse y que todos los integrantes iban a perecer por su culpa. Apartó esa horrible idea de su mente y avanzó hacia el primer enemigo. Dio un grito de guerra y el troll se abalanzó sobre ella. Lanzó consagraciones, ^^^^^^ para que todos los ataques le hicieran daño solo a ella y no al resto del equipo. Pero tanto pronto se dio cuenta de que su vida peligraba por momentos. ¿Dónde estaba Zarokki? ¿Quién si no le iba a curar? La desesperación la desbordaba y pronto empezó a ponerse nerviosa. Sus curas no estaban a la altura del daño que los enemigos le ocasionaban y para colmo, uno de ellos que era brujo le ocasionó tal miedo que le hizo huir. Instintivamente, casteó un escudo divino para deshacerse del encantamiento evasivo sin darse cuenta de que sería el error fatal que la conduciría a un desastroso final. Al cubrirse con ese hechizo protector tan potente, todos sus compañeros recibieron el daño que ella estaba soportando y sus armaduras, que no defendían de tan nocivas energías, se destruyeron acabando también con las vidas de sus portadores. Zarokki entró por fin en la mazmorra y se sorprendió al ver la escena. La tanque se desplomó ante sus ojos y su espíritu se alzó desvaneciéndose. No pudo reaccionar. Media docena de trolls lanzaron sus hechizos al healer y no pudo ni siquiera lanzarse una cura antes de fallecer. Pero lo que le aconteció a Dryaddin fue la peor de todas sus pesadillas...