miércoles, 29 de septiembre de 2010

Capítulo 21: Una Victoria

El cuerpo del healer fue arrastrado a un lugar apartado de miradas indiscretas. La draenei vigiló nerviosa a los hordas que se echaban una siesta apoyados en el poste con la bandera carmesí ondeante. Se arrodilló y apoyó sus manos sobre el pecho de Zarokki. Reunió todo el maná en sus manos y lo canalizó para resucitar a su compañero y éste, en breves momentos, se incorporó tosiendo. Dryaddin le tapó la boca para ahogar sus quejidos y no los descubrieran. Juntos, al tiempo que reprimían sus ganas efusivas de abrazarse, planearon la forma de reconquistar las minas y deshacerse del odiado Murkhen. Una vez tuvieron el plan claro, empezó la función.

El tauren chamán que la había aprisionado mientras agredían a Zarokki se levantó al ver que no quedaba néctar dulce y se alejó un poco del grupo tambaleándose. Sus ojos pequeños y brillantes como botones se fijaron en una botella llena de té de tentamiel que brillaba asomada entre la maleza. Allí tras el tupido seto acechaban los dos paladines dispuestos a llevar a cabo su emboscada. El tarugo del tauren se agachó para recoger embelesado la botella y ambos alianzas le lanzaron un martillo de cólera que hizo que el pobre se desplomara armando gran escándalo. Tanto el troll como el elfo de la sangre se despertaron con el estruendo y el troll pícaro corrió a ver que le había ocurrido a su amigo. Murkhen desconfió y siguió custodiando la bandera, aunque estaba algo mareado por beber tanto néctar dulce. El pícaro se acercó y cayó también en la trampa al recibir dos martillazos en el cogote. Alianza: 2; Horda: 0. Pero los salvajes carmesís no se rendían facilmente y uno de los más maquiavélicos integrantes de este bando aún permanecía en pie de guerra (más o menos).

No había otra alternativa, debían salir de su escondrijo si querían acabar con el elfo de la sangre. La paladín no pudo esperar más, el sentimiento de Venganza se extendió por todo su cuerpo y saltó de la mata mientras Zarokki se quedaba a la retaguardia para curarla. Y descargó su ira contra el mago. Golpes cruzados se entrelazaban entre los rayos que proyectaba su Tormenta Divina. Cansado y aturdido, Murkhen apenas pudo reaccionar a semejantes conjuros. Pero a raíz de su enorme poder se concentró y también atacó a sus enemigos. La lucha fue dura pues el elfo era muy experimentado en combates y su resistencia era casi infinita. Casi. Zarokki curaba desesperadamente a Dryaddin, pues los encantamientos de Murkhen eran muy poderosos. Al fin, pareció que le quedaban pocas fuerzas y aprovecharon para juntos lanzar sus Martillos de Cólera y acabar con su vida. A la vez que el mago se desplomaba, toda la Cuenca de Arathi había sido reconquistada. Zarokki y Dryaddin se fundieron en un abrazo y regresaron pronto a la Posada de Forjaz.