martes, 21 de septiembre de 2010

Capítulo 19: Renace y venga tu memoria

Salía débilmente el Sol por el horizonte de Dun Morogh y sus primeros rayos entraron por la ventana bañando poco a poco las sábanas de Dryaddin. Cuando la cálida luz iluminó su tez azulada ésta cerró fuertemente los ojos molesta. Se había despertado. Gruñó por lo bajo y se dio la vuelta en la cama pero de pronto recordó lo ocurrido el día anterior y apartó las sábanas para ver si Zarokki aún seguía allí (cosa que tras un instante entendió que era muy improbable). Se asomó a la habitación del humano, pero allí no había ni un ánima. Pronto se vistió con sus corazas y armaduras y se fue a buscar al futuro paladín.

Tras estar todo el día cumpliendo misiones mientras buscaba cualquier indicio sobre el paradero de Zarokki, decidió volver a la posada. En la entrada se encontró con un guardia de la ciudad que le paró al verla:
-Buenas tardes paladín, ¿te interesaría subir tu reputación y honor ayudando a nuestra ciudad?
- Pues… sí, supongo, ¿qué debería hacer?- Dryaddin seguía aun pensando en Zarokki pero si se dedicaba a hacer otras cosas se distraería.
- Acércate a la Sala Militar, están reclutando a gente para luchar contra la horda, que se ha empeñado en asentarse en Cuenca de Arathi y debemos reconquistarla. ¿Quieres ayudarnos?
- ¡Por supuesto!- saltó Dryaddin- Todo sea por echar una mano a la Telúrica Forjaz.

Al llegar a la Sala Militar, vio a cientos de magos, druidas, guerreros y pícaros, brujos, chamanes, caballeros de la muerte e incluso paladines, todos unidos por la misma causa: dejarle a la Horda las cosas claras. Allí estaban cuatro miembros del Consejo de Hechicería, abriendo portales para transportar instantáneamente a todos los voluntarios a la Cuenca de Arathi.
-¡Quién vaya a combatir en la granja que entre por este portal! ¡El de la izquierda es para defender las minas!- Amethor, el brujo supremo, gritaba las indicaciones con un hechizo amplificador de voz.
Dryaddin saltó al que conducía a las minas. Al salir vio la zona, era una especie de cantera en lo más bajo entre dos altas colinas. Pensó que aquello dificultaría la defensa, pues había poca visibilidad y muchos caminos eran los que conducían a las minas. Allí se encontraban otros combatientes de la Alianza que estaban colgando su bandera de un poste. Y escuchó una voz entre los muchachos que estaban atareados en izarla que le resultó muy familiar:
- Todos los Hordas son unos gallinas y quien no esté conmigo ya puede marcharse de las minas… ¿Estáis todos listos? ¡Por la Alianza!
“¡AUU! ¡AUU! ¡AUUUUU!”- contestaron a coro los que estaban por allí.
Dryaddin se acercó para echar una mano cuando vio que un grupo de hordas se acercaba por la cuasta derecha y otros enemigos esperaban a su jefe para atacar desde la entrada a las minas que había a la izquierda. La paladín respiró hondo, dirigió su mirada al cielo y casteó un sello represivo para preparar su inminente sentencia contra el primer tauren que llegara...