sábado, 18 de septiembre de 2010

Capítulo 17: Traición y destierro

El elfo de la sangre, que se hacía llamar Murkhen, avanzó hacia Zarokki y sus secuaces; un orco guerrero, un trol chamán y un no-muerto sacerdote imitaron al mago élfico, con tal de intimidar al brujo.

-¡Dejad en paz a Dryaddin y a mí, no os hemos hecho nada! ¡Atacadme a mí si es lo que queréis, pero a la draenei no la toquéis! - Zarokki alzó un poco la voz para alarmar a los guardias de la ciudad, por si los agresores se disponían a atacarles.
- ¿Crees que queremos acabar contigo? Si hubiéramos querido, ya habrías muerto, mequetrefe.- Murkhen seguía hablando quedamente, como susurrando, pero aun así sonaba amenazadora. – Para ti tenemos preparada otra sorpresa… Chicos, ya sabéis que debéis hacer.

El elfo se volvió y se refugió en las sombras mientras el grupo de secuaces se abalanzaban sobre Zarokki. Dryaddin no pudo distinguir bien lo que ocurrió, pues hubo mucho revuelo. Lo que más le sorprendió es que los guardias no se inmutaran ni un poco por la agresión que sufrió el brujo. En pocos minutos, la banda de hordas se disolvió dejando a Zarokki tendido en el suelo, sollozando silenciosamente y la paladín corrió a ver que había sucedido.

De repente el báculo de Zarokki dejó de brillar, y su halo de magia que siempre le rodeaba desapareció. Un torbellino de humo morado se puso a girar alrededor de los dos y ante el humano apareció un grupo de brujos que por sus vestimentas debían ser de un alto rango. El del centro lucía una larga barba blanca y todas sus ropas eran moradas con ricos bordados dorados en las bocamangas y el borde de la toga. Éste, que parecía ser el jefe, se acercó a Zarokki y le comunicó lo que más temía:

- Me presento a vuestras mercedes, soy Amenthor, Brujo Supremo del Consejo de Hechicería. Zarokki ha cometido un grave error: ha perdido su esbirro, fuente de magia, y sin él no es capaz de realizar ni el más simple conjuro. La mayor responsabilidad de un brujo es cuidar su esbirro y al haber sido despojado de él, será repudiado por su mentor y expulsado de la Comunidad Mágica. Lo lamento mucho, aprendiz Zarokki, pero me temo que debo quitarte tus poderes…

Zarokki se alzó y cabizbajo permitió que Amenthor sostuviera sus manos sobre los hombros para absorberle la energía. Un halo de rayos purpúreos se transmitió desde el cuerpo del humano hasta las manos enguantadas del Brujo Supremo. Finalmente, el anciano hechicero retiró sus manos y sonrió apesadumbrado a Zarokki. Ahora no era nada.