lunes, 13 de septiembre de 2010

Capítulo 16: Osos y abejas

“Estimada Dryaddin:

Los aldeanos de Gadgetzan estamos sufriendo una plaga de abejas enormes asesinas cuya picadura produce altas fiebres y supurantes heridas que acaban por matar a quienes la sufren. Nos gustaría que consiguierais cinco muestras de veneno de abeja para poder fabricar un antídoto eficaz contra tan peligrosa plaga. Atentamente y deseoso de que cumpla su misión,

La Guardia de Gadgetzan”

Aquello era el comunicado que Dryaddin y Zarokki recibieron al llegar al pueblo del desierto. Se apresuraron a subir a sus cabalgaduras y a acabar con aquellos peligrosos artrópodos. Recorrieron gran parte de las dunas que rodeaban Gadgetzan, sin obtener resultados satisfactorios en su búsqueda. ¿Dónde podrían haberse metido esas estúpidas abejas? Mientras proseguían por las arenas costeras de la playa, no recayeron en la presencia de un elfo de la sangre que desde no muy lejos les vigilaba...
-Esa paladín... - murmuró con su voz sibilante- esa paladín se merece mejor atención. Y ese inútil brujo, que se desploma con solo mirarle, sólo me da problemas. Yo se lo que necesita Dryaddin y lo primero es librarse del inútil brujo.

Finalmente, Zarokki y nuestra protagonista recogieron las muestras de veneno de las abejas asesinas y se dirigieron hacia Gadgetzan. Al entrar en la posada, cual fue su sorpresa que apareció una cuadrilla de horda con cara de pocos amigos. El que parecía ser el cabecilla del grupo era un elfo de la sangre que miraba altivo a Zarokki burlándose de él con una sonrisa torcida dibujada en su faz.
-Huye, ya me encargo yo de ellos, no quiero que te hagan daño- pero Zarokki pensaba, al susurrarle aquello, que ella tenía más posibilidades que él de acabar con aquellos sinvergüenzas.
Pero antes de que pudiera reaccionar, unos fuertes brazos la arrastraron lejos del grupo y no tuvo más remedio que ver la escena desde lejos. Un tauren la sujetaba para que no se entrometiera en los asuntos del elfo maquiavélico.