miércoles, 1 de septiembre de 2010

Capítulo 11: Piratas!

El Grifo sobrevolaba la selva tropical donde se encontraba el Campamento. A sus lomos, Dryaddin contemplaba los paisajes que aparecían bajo sus pies. Al bajar de la montura, vio que Zarokki ya estaba alli, dando saltos de alegría.
- Vamos, Dryaddin. Hoy no quiero caras largas, eh?
La draenei sonrió y montó a la grupa de su caballo y juntos galoparon en busca de presas a las que cazar.
A medida que obtenían más piezas que vender se dirigían hacia el sur, pues iban a comerciar con todo aquello en el Asentamiento más meridional del continente.
Al girar la siguiente colina descubrieron aterrados que la entrada a la ciudad estaba rodeada de piratas que merodeaban con intención de robarles cuanto llevaran encima. Los dos se prepararon para el inminente ataque descabalgándose y acumulando energía. Dryaddin, decidida lanzó un grito de guerra y se lanzó sobre los piratas. Esta vez no defraudaría a Zarokki. Esta vez lucharía hasta la muerte.
Los aceros entrechocaron, las fintas y los conjuros se entrelazaban en el cielo que se había oscurecido asustado de la batalla que en pocos segundos se había instaurado.
Los piratas y pícaros fueron cayendo poco a poco y la paladín ya se estaba agotando. Zarokki y su esbirro lanzaban maldiciones en todas direcciones y empezaban a notar que se les acababan las fuerzas. Dryaddin se apartó de la pelea unos instantes mientras escuchaba las quejas del brujo. Sin embargo, antes de que Zarokki comenzara a lanzar más improperios, un rayo exorcizador desintegró el pícaro que le acosaba. Dryaddin, renovada al tomar una pócima de maná, volvía a la batalla y se enfrentaba a tres piratas a la vez. Zarokki no lo podía creer. Y poco más tarde acabaron hasta con Barbanegra, el bucanero más temido de toda la costa.
Por fin llegaron a Bahía Botín, el Asentamiento Pirata, donde vendieron todas las panteras y raptors cazados, a sí como recibieron la recompensa de haber acabado con el malvado filibustero.
Después del apuro pasado con los piratas, Dryaddin decidió que era hora de ponerse seria y durante unas semanas se dedicó al entrenamiento duro. Pronto sumió en un sueño profundo y no se dio cuenta, de que una sombra que se hayaba sentada en el alféizar de su ventana contemplaba silenciosa sus lentas respiraciones.