sábado, 21 de agosto de 2010

Capítulo 8: ¡Gnomos y circuitos!

El Sol aún no se había asomado por el horizonte del Valle del Ocaso cuando una paladín y un brujo sobrevolaban los cielos del bosque de Elwinn hacia Ventormenta. Dryaddin siguió a su compañero de aventuras por las intrincadas calles hasta llegar a una especie de estación de tren subterránea.
- ¿Qué demonios hacen estas vías aquí?- preguntó extrañada la paladín, pues no se esperaba que en el mundo de Warcraft existiera el metro.
- Vamos a coger el tren subterráneo. Pasa cada 5 minutos, como el metro de las ciudades del mundo de los mortales. Nos conducirá a la ciudad donde debemos realizar nuestra misión, pero no te preocupes, después te la mostraré con detalle. ¡Es realmente mi ciudad preferida! – contestó con entusiasmo Zarokki.

Llegaron a un lugar que siempre estaba nevado incluso en la estación en la que nunca se pone el Sol. Estaban al pie de la falda de una alta montaña y de las agrestes cuestas resaltaba una puerta que no parecía concordar con aquel lugar. Era la entrada a Gnomereran, la ciudad de los Gnomos.

- ¿Y qué debemos hacer aquí? – preguntó extrañada Dryaddin.
- Gnomereran se haya asediada por gnomos infectados que se revelaron contra los gnomos de la ciudad. Los gnomos en general son grandes ingenieros (aunque la mayoría de sus artefactos acaben siempre escacharrándose) y los infectados han construido un ejército de robots con el que amenazar la ciudad y conquistarla para vengarse de la represión que sufrieron en el pasado.
“Nosotros debemos recoger piezas de los robots del enemigo para que después los verdaderos amos de Gnomereran puedan contrarrestar al ejército del adversario con otra tropa de robots más fuerte - respondió sabiamente Zarokki.

La paladín asintió y el grupo entró en las ruinas de la ciudad fantasma. Recogieron todos los circuitos y piezas requeridas por los gnomos y lucharon contra la horda electrónica. Dryaddin cayó en combate y cuando recuperó fuerzas, se perdió entre los pasillos de los que colgaban telarañas y cables por doquier. Gracias a la piedra de hogar volvió a casa y descansó de tan difícil búsqueda. Aquella noche no durmió bien, porque se sentía culpable por no haber podido ayudar a los gnomos y decidió que necesitaba unas vacaciones.