domingo, 25 de julio de 2010

Capítulo 4: Regreso a Casa

Aquella noche, Dryaddin soñó con caballos y con muertos. Lo peor fue que al despertar se encontró con un caballo – regalo de Zarokki - delante de sus narices. Ahora tanto Zarokki como ella podrían avanzar mucho más rápido en sus viajes. Como el viaje de vuelta a casa era muy tedioso y largo, Zarokki llamó a un viejo amigo mago para que creara un portal que fuera capaz de teletransportarlos a Exodar. Al llegar, hablaron con el instructor de paladines, que le encargó una nueva misión a Dryaddin: curar las profundas heridas que el jefe de los Lechucicos Lunares había recibido de unos lobos que atacaron su campamento. Tras limpiarle y vendarle las heridas, el Gran Jefe Lechucico le entregó el amuleto de resurrección, para que la Paladín aprendiera esta nueva habilidad.

Pero aún no se habían terminado las sorpresas para Dryaddin en el Exodar. Al llegar a las puertas de la gran ciudad se encontró con la instructora de equitación que le mostraba las monturas que podría adquirir a su nivel. A lo lejos vio un rebaño de una especie de elefantes de largos cuernos y pequeñas orejas. “¿Qué extrañas criaturas son esas?” inquirió asombrada Dryaddin. La instructora le explicó que eran elekks, las monturas tradicionales de los draeneis, “es la primera montura de todos los de nuestra raza, con ella aprenderás las bases de la Equitación para más tarde llevar monturas más grandes y rápidas”. Dryaddin estaba sorprendida. ¿Cabalgaduras más grandes que un elefante? Y aquella noche soñó con mamuts enormes, osos acorazados y gigantescos dragones que lanzaban intensas llamaradas a través de sus fosas nasales…